Marisa: Alcanzando a los ignorados

Todos conocemos las “grandes” necesidades en las misiones, pero ¿qué pasa con las personas que nadie ve? Dios las ve en todo momento. Y cuando nosotros también las vemos, nos unimos a Él para revelar cuán inmenso es Su corazón por cada persona hecha a Su imagen.

FAISAL Y SAMIRA:
Faisal tiene autismo y no va a la escuela. En Tayikistán, las familias piensan que no vale la pena enseñar a las personas que tienen alguna discapacidad. Por eso Samira, la mamá de Faisal, decidió trabajar como encargada de un quiosco en lugar de ayudarlo.

Un día, Marisa conoció a Faisal y a Samira en un parque. Marisa se ofreció a enseñarle a Faisal a leer y escribir. Cada semana iba al quiosco para pasar tiempo enseñándole mientras su madre observaba. Faisal comenzó a progresar; Samira vio que podía aprender y decidió involucrarse también en sus lecciones. Ahora Faisal puede leer y escribir.

Gracias a la ayuda de Marisa, ella ha tenido muchas oportunidades para compartir el Evangelio con la familia de Faisal. Es la primera persona que les habla de Jesús y comparte su testimonio. Ya llevan un año escuchando historias bíblicas de Marisa.

Un día, Samira dijo que quería orar. Mientras Marisa escuchaba, Samira oró:

“Querido Dios, gracias por las cosas buenas que nos das y por mi amiga Marisa. Perdónanos porque tenemos corazones impuros. Queremos que nos des corazones limpios para poder ser buenos hijos tuyos. Podemos lograrlo contigo, pero sin ti no podemos. Por favor, ayúdanos. Amén.”

MADINA, ZARINA & LOS NIÑOS SORDOMUDOS DEL PUEBLO:
En un viaje a un pueblo cercano a la capital, Marisa visitó una comunidad de niños con discapacidad. Allí conoció a Madina y Zarina, dos niñas sordas que asistían a una escuela local, que en realidad era una pequeño aula con algunos juguetes.

Descubrió que, aunque la escuela tenía un programa para niños con discapacidad, no brindaba ningún apoyo específico a quienes tenían problemas de audición, un grupo con una gran necesidad de atención. Incluso los pocos cristianos en el país que trabajaban con personas con discapacidad se centraban principalmente en quienes tenían dificultades de movilidad, dejando casi sin apoyo a la comunidad sorda.

“¿Quién les compartirá el Evangelio?”, se preguntó Marisa.

Aunque Marisa llevaba solo unos meses en el país, decidió intensificar sus estudios de idioma. Estudiar el idioma ha sido muy agotador porque tuvo que hacerlo en inglés en lugar de en español, su lengua materna. Había estado trabajando con dos maestros diferentes para mejorar su tayiko y decidió buscar un nuevo maestro y comenzar a aprender también el lenguaje de señas tayiko (TSL). Marisa sabía que Madina, Zarina y sus amigos necesitaban a alguien que les compartiera a Jesús.

Dieciséis meses después de llegar a Tayikistán, Marisa dominaba el tayiko y había obtenido su certificación en TSL.

Ahora Marisa vive en el pueblo de Madina y Zarina. Es la única creyente allí que habla TSL. Para todos los demás, la comunidad sorda es invisible, pero no para Jesús y no para Marisa.

UN PUEBLO NECESITADO DE JESÚS:
El pueblo al que se mudó Marisa es muy conservador religiosamente. Solo hay cuatro extranjeros allí. La gente se sorprendió de que Marisa se mudara allí, ya que la mayoría de los locales intenta irse. A medida que Marisa conocía más su nueva comunidad, descubrió que muchos hombres son alcohólicos y golpean a sus esposas e hijos. Puedes caminar por la calle y escuchar gritos desde las casas y para los aldeanos eso es totalmente normal.

Si los hombres abandonan el hogar, las mujeres no pueden trabajar porque carecen de educación. Muchas recurren a la prostitución para mantener a sus hijos. Muchos niños, debido al abuso físico o la negligencia, terminan con necesidades especiales físicas o de desarrollo y están desesperados por atención.

Marisa conoce a tres creyentes en la comunidad, pero son perseguidos. Los locales arrojan piedras a sus casas. Tienen miedo de compartir el Evangelio y los otros extranjeros también. Pero hay tantas personas desesperadas por la esperanza que solo Jesús puede dar.

Marisa le ha pedido a Dios valentía y oportunidades. Ahora ha estudiado la Biblia con varias familias y grupos de niños.

LA FAMILIA DE MALIKA:
Un ejemplo es el de Malika, una niña con una condición médica que la hacía muy débil físicamente. Un día, Marisa estaba compartiendo la historia de Sansón con un grupo de niños, enseñándoles que su fuerza viene de Dios y que Él es el único que puede darla y quitarla. Entonces conoció a Malika. Marisa le dijo a Malika que su familia puede tener esperanza en la verdad de que Dios ama a Malika y se preocupa por su condición.

CONFIANDO EN DIOS EN MEDIO DE LA DIFICULTAD:
Este año, Marisa tuvo que renovar su visa, pero su solicitud fue rechazada. Eso ocurrió dos veces. Volvió a solicitarla por tercera vez y no recibió respuesta. Llegó el día en que su visa expiraba y debía salir del país. Tenía miedo porque había entregado su pasaporte para la solicitud y no se lo habían devuelto. No podía irse, pero tampoco podía quedarse. Pero oró y Dios proveyó una visa ese mismo día.

Muchos locales le advierten que, como mujer soltera, el pueblo puede no ser seguro para ella. Pero Dios le habla a Marisa, diciéndole que no tenga miedo. Ella se siente animada porque, como su salvación está asegurada, puede arriesgarse con valentía y seguir compartiendo el Evangelio a pesar de cualquier oposición humana o espiritual.

*Se utilizan seudónimos para proteger la identidad de los misioneros y de las personas locales.

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