De la Desesperación a la Vida

"En marzo del 2026, durante una campaña médica en Curahuasi, Perú, Nohemí Palomino, obrera de HAKU, un ministerio de Reflejo, conoció a Adriana.

Aquel día, frente a ella se encontraba una mujer desesperada, sin saber que Dios ya estaba comenzando a escribir una historia muy diferente para su vida y la de su bebé.

Adriana estaba embarazada de ocho meses y lloraba desconsoladamente. Era madre soltera de tres hijos, cada uno de un padre diferente, y enfrentaba sola las dificultades de la vida. No contaba con apoyo económico ni familiar. Además, alguien le había dicho que la bebé que esperaba podría nacer con problemas de salud o algún síndrome genético, lo que aumentó aún más su angustia y temor.

Entre lágrimas, le confesó a Nohemí algo estremecedor:

Si ustedes no reciben a mi bebé, la voy a matar.

Detrás de esas palabras no había maldad, sino una profunda desesperación. Adriana no veía salida y sentía que no tenía fuerzas para enfrentar la maternidad nuevamente, menos aún bajo las circunstancias que imaginaba.

Con mucha compasión, Nohemí la escuchó, oró por ella y la animó. Le explicó que ellos no podían recibir a la bebé, pero le aseguró que regresarían para visitarla. Desde ese día, Nohemí llevó la situación en oración constante, pidiendo a Dios por Adriana y por la pequeña que estaba por nacer, creyendo por protección y transformación.

Semanas después, el equipo regresó a la comunidad. Tras compartir con los niños en la escuela, siguieron a la hija de Adriana por senderos estrechos entre cultivos, rodeados de montañas que parecían abrazar el camino. Finalmente llegaron a una pequeña casa rodeada de animales de granja.

Allí estaba Adriana.

Su rostro era distinto. Los recibió con una sonrisa y con gratitud por los pañales que le habían llevado. Entonces compartió algo que llenó de gozo a todos:

Ahora estoy feliz de tener a mi bebé. Entendí que ella no tenía la culpa de nada.

La misma mujer que meses atrás hablaba desde el dolor y la desesperación ahora sostenía a su hija con ternura.

Sentados juntos, leyeron la parábola de la oveja perdida en Lucas 15. Adriana escuchó con atención y luego dijo que también se alegraría mucho si encontrara una de sus ovejas después de haberla perdido.

En ese momento tuvieron la oportunidad de hablarle de Jesús. Aunque había crecido en un contexto con influencia religiosa, Adriana reconoció que no sabía quién era Jesús, qué había hecho por ella ni qué significaba realmente el pecado. Ese día recibió su propia Biblia y aprendió cómo encontrar los pasajes que habían leído juntos. También le compartieron que el deseo del equipo es caminar a su lado, sin presión ni imposición, acompañándola y mostrándole el amor de Cristo de manera práctica.

Antes de despedirse, oraron juntos y conocieron a la pequeña protagonista de esta historia. La bebé había nacido completamente sana. Su nombre es Zoe, que significa vida. Al sostenerla en brazos, fue imposible no recordar la primera conversación llena de dolor y temor. Dios había transformado una historia marcada por la desesperación en un testimonio de vida, cuidado y esperanza.

Hoy seguimos orando por Adriana y Zoe, confiando en que el mismo Dios que protegió esta vida continuará guiándolas y revelando Su amor a su familia.


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Vinieron buscando ayuda médica… ¡pero encontraron a Jesús!